#253 DIVERSIDAD
Se habla mucho de diversidad, en especial en la comunicación estatal y de grandes empresas. Un concepto que suele ilustrarse con fotos en los que aparecen hombres y mujeres diferentes entre sí: blancos, negros, asiáticos, gente con necesidades especiales, algún obeso. Se supone que otras categorías no visibles (inmigrantes, homosexuales, creencias religiosas y políticas) están implícitamente incluidas.
Pareciera que la idea que se ha impuesto para concretar la diversidad es asignar a cada minoría un cupo. Desde este ángulo, el conjunto de empleados de una gran empresa sería “diverso” si incluyera todos los grupos mencionados en el párrafo anterior.
La paradoja es que, si todas las grandes empresas procedieran así, no habría diversidad: la composición de sus respectivos grupos de empleados sería igual o muy parecida. La única norma razonable para la formación de equipos debe ser el mérito y la capacidad.
El problema es que se ha adoptado una idea de diversidad políticamente correcta. Porque la verdadera diversidad es dejar que cada uno se agrupe con quien quiera. Por ejemplo, barrios “diversos” no son aquellos que incluyan un cierto número de personas de distintas religiones, razas y orientaciones sexuales; esa es la idea “bienqueda”.
Los auténticos barrios diversos son aquellos que han existido normalmente de forma espontánea: barrio chino, barrio italiano, barrio latino, etc. Porque lo natural para el ser humano es agruparse con quienes siente similares y no con quienes siente distintos.
Hay otra paradoja: la “diversidad” políticamente correcta, en la que se fuerza la convivencia de personas no afines, conduce al conflicto y no a la armonía. Sea en los barrios o en las empresas.
Lo políticamente correcto es la negación del pensamiento crítico y la aceptación de ideas parciales que imponen algunos con intenciones sospechosas.
Hasta mañana a las 23:00, hora de Madrid.
#300palabrasDBL
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